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CUENTO QUECHUA

"EL ALMA CONDENADA "

Una muchacha estaba muy enamorada. Ella y el muchacho habían jurado "morir juntos". Pero los padres de los jóvenes se opusieron a su unión. Éstos, porque se amaban con pasión, se fueron a vivir a una cueva. Desde allí, el joven iba a robar alimentos a la casa de su mamá. Entonces, su hermano lo había sorprendido y, confundiéndolo con algún ladrón, cercenó su cuello con un hacha. Sólo su alma llegó donde la muchacha, como que nada hubiera pasado. El muchacho se estiró al lado de ella. Entonces el perrillo de la joven empezó a lamer al cuello de él, porque estaba ensangrentado. Ella ni se dio cuenta. El joven le había dicho: "Mi hermano se ha muerto. Mañana lo enterrarán. Después de hacerle su lavatorio [ritual del lavado de ropas] nos iremos". Al día siguiente retornó diciendo que iba a sepultar a su hermano. Como la casa de los padres del joven no estaba muy lejos, la muchacha observaba lo que pasaba allí. La casa estaba con mucha gente. Su prometido atendía muy comedido a las visitas. Pero por la tarde, como si estuviera vivo regresaba trayendo alguna comida. El día del entierro, terminando de abrir la fosa, introdujeron al ataúd en ella. Entonces su enamorado se metió dentro de la sepultura, y salió cuando terminaron de cubrirla. Entonces la muchacha se asustó y se interrogó: "¿Qué está sucediendo?". Así dicen que ya llegó el quinto día [día del ritual del lavado de ropa]. Él se fue nuevamente. Cuando la muchacha observó, el muchacho estaba ayudando en los quehaceres: servía comida a las visitas. Después de los rituales del quinto día, el joven regresó por la tarde, siempre trayendo alguna cosa. Él dijo: "Ahora nos iremos" y alistó sus cosas, luego emprendieron la marcha. La muchacha iba delante, su perrillo iba en medio, él iba detrás. Cuando ya iban muy lejos, una mujer que pastaba sus ovejas dijo a la muchacha: "Oye joven, ¿Estás loca o qué? Te estás haciendo llevar con un alma". Al oír a la pastora, la joven recién miró hacia atrás, entonces vio que un alma venía con su mortaja. En ese mismo instante la muchacha cobró juicio. Los perros también empezaron a aullar lastimeramente. La muchacha continuó pero iba aterrorizada. En el trayecto, ella vio una casa, a cuya dueña suplicó llorando: "Por favor escóndeme". La mujer la escondió debajo de una tarima. Aún así, el alma, jalándola por la mano, se la llevó. Así llegaron a un inmenso corral. Allí, vio que dos mujeres agarraban flores. La mujer del lado derecho dio a la muchacha un peine, un espejo y un jabón. "Cuando el condenado se esté aproximando, arrojarás el peine al suelo. Cuando nuevamente se aproxime arrojarás el espejo, luego el jabón. El peine será un cerco de espinos, el espejo será un lago, y el jabón será un suelo resbaladizo". La muchacha hizo como le indicó la mujer, pero, aún así, la alcanzó y la agarró de la mano y se la llevó. Así llegaron a un lugar donde había una inmensa hoguera a la que el alma arrastró a la muchacha, cuando estuvo a punto de ser abrazada por el fuego, su perrillo, de su pollera, la jaló hacia atrás. Así, el alma sola penetró al fuego. En esa inmensa hoguera dice mucha gente muerta están ardiendo. La muchacha regresó llorando.





TRAGEDIA DE "EL DORADO"


HOMENAJE A LOS MARTIRES DE LA MINERIA CARRIONINA.
"GOYLLARISQUIZGA 20 DE DICIEMBRE DE 1964"

LA TRAGEDIA DE "EL DORADO"



Los obreros del nivel 12 de la mina "El Dorado" situada en el asiento minero de Goyllarisquizga, bajaron a trabajar a las once de la noche del sábado 19 de diciembre de 1964. La jornada se inicio con las bromas y chistes de costumbre y nada hacia presagiar que aquélla noche seria completamente diferente a las anteriores. Aunque tal vez, esto sea verdad del todo, porque cada minero, de cualquier turno de trabajo, lleva en el fondo de su alma, clara conciencia de la sangrienta y luctuosa historia de su oficio; una crónica de muertes espantosas, lesiones invalidantes y enfermedades que a la larga, terminan con sus vidas. La cifra de victimas es tan elevada que apenas se puede calcular. El 23 de Enero de 1910 por ejemplo- se produjo una horrorisima explosión en el pique chico matando a 29 obreros e invalidando a 56, el 10 de agosto de aquel mismo año, en el nivel F la mina sepulto a 310 hombres, rescatándose 72 cadáveres y 60 heridos; no llego a saberse jamás del resto. La cadena sombría y siempre vigente, registra dos o tres muertes por año. Por este dolorosa razón, cada minero vive con la taladrante idea de que algún día, tarde o temprano...aunque no sea hoy, ni ocurra aquí...
Hacia las dos de la madrugada del domingo 20 de Diciembre de 1964, los trabajadores habían avanzado notablemente su labor. La mina, propiedad de la compañía norteamericana Cerro de Pasco Corporation- como una urbe subterránea, entrecruzaba sus calles iluminadas con las simétricas vías de acceso a las galerías hulleras, casi agotadas. "El Dorado" se preciaba de ser fuerte y segura, no en vano en 60 años, no había acaecido ninguna tragedia de grandes proporciones. Sin embargo, a las tres de la madrugada ocurrió un incidente que provoco la hecatombe. Quizás algunos mineros abrieron con sus herramientas y en forma involuntaria, una bolsa de grisú cuya presencia no se sospechaba. El resplandor de una chispa y el inicio del pavor. Cualquiera que fuera la causa, algo provoco una explosión de abominables pesadilla. En la superficie, el estallido se oyó, al principio, como un sordo y dantesco rugido al que siguió un remezon estremecedor; como si la tierra se estuviera hundiendo.En el club Sport Goyllar-vieja y legendaria institución goyllarina- donde los socios habían amanecido libando unas copas y entonando dulces canciones del lugar, se sintieron sacudidos en sus asientos y las copas y botellas rodaron por los suelos. Como saliendo de una horrorosa alucinación, los hombres se pusieron de pie, conmovidos y se miraron espantados, comulgando una sospecha con la esperanza de que no fuera cierta. Todas las ventanas se los campamentos se iluminaron instantáneamente; rostros interrogantes y aterrorizados, asomaron por las puertas y ventanas. Los mineros que debían entrar en el turno de las siete de aquella mañana, comprendieron en toda su fatídica dimensión, lo que significaba aquel cataclismo y repentino estruendo infernal y la sacudida posterior. Instantáneamente premunidos de sus ropas de campaña y el doloroso presentimiento desgarrándoles el alma, corrieron desesperados a la bocamina. En ese momento, el nivel 12 de la mina "El Dorado", estaba convertido en un aterrador infierno. El fuego voraz se extendía violentamente por toda la galería, alimentado por el gas grisú y el polvo del carbón. Daba la impresión de que el mundo se acababa irremediablemente, presos de un pánico indecible, los mineros todavía con vida, trataron de ganar la salida. No pudieron, las negras galerías, sacudidas por la colosal explosión, se habían cerrado una a una, convirtiendo a los corredores mineros en una horrible sepultura que era iluminada por las detonaciones en cadena del gas metano. El piso de los frontones se arqueo horriblemente, tocando en muchos tramos, el techo de la mina. El movimiento originado por el estallido, retorció como si fueran alambres, infinidad de rieles; aplasto un gran numero de vagonetas y desmenuzo los cuadros que sostenían los techos de la mina. En el instante en que se producía el cataclismo, un viejo minero caminaba junto a la vera yendo a reparar un descompuesto transportador de carbón, de repente dice, pareció que todo el suelo reventaba y todo lo que había en el frontón voló como si fuera de papel en medio de un ruido y una corriente de aire como los de un huracán; a mi me arrojo muy lejos, como un muñeco, cuando recobro el conocimiento, busco a tientas su lámpara en medio de un humo asfixiante de calor y trato de ponerse de pie, pero tenia una pierna fracturada en tres partes y se desplomo. Adormecido de dolor hizo girar su lámpara y horrorizado vio clavados en unos salientes de fierro a dos de sus compañeros de trabajo y presa de pavor lanzo un grito sobrehumano, desgarrador y espantado se desmayo. A 15 metros de allí, otro minero que picaba la veta, sintió de pronto un vació en las entrañas como si todo el aire del mundo se hubiera tragado la tierra y de inmediato y casi simultáneamente una estremecedora explosión retumbo en su cerebro en tanto que un zumbido horripilante y agudo le destrozaba los oídos; en es momento se vio arrojado como una pluma sobre las rocas envuelto en una picante nube de sofocante carbón pulverizado. Cuando volvió en si, un dolor irresistible le hincaba el hombro y costado izquierdo y al sentir un gorgoteo tibio saliendo de sus oídos, se llevo la mano y advirtió que sangraba profusamente; tenia los tímpanos destrozados, nunca mas volvió a oír. Otro minero, al sentir el primer vació de la explosión, se tiro bajo un carro metalero que estaba pegado a una viga y no obstante la protección, sufrió un desmayo. Al despertar, las nauseas le apremiaban y una hemorragia incontenible le bañaba la cara, sentía una sed infernal y una debilidad horrible que volvió a desmayarse. En el hospital, médicos y enfermeras le miraban perplejos. ¿Cómo te llamas? Ceferino Huanca, respondió; Huanca, haz vuelto a nacer, todos los obreros que trabajaban en tu labor han muerto, solo tu sigues con vida. Sepultado a kilómetro y medio de la salida, otro viejo minero se había recobrado para verse sentado y aturdido, con la lámpara deshecha y arrancada del casco, minutos mas tarde, oía la voz de su joven ayudante que aprisionado en un calabozo de piedras gritaba desesperadamente: auxilio.... por Dios no me abandonen!! No me dejen!!..No me dejen!!,, inmediatamente, venciendo los dolores que lo agarrotaban, se arrastro hasta donde procedía la llamada y con voz que pretendía ser clara y enérgica, trato de alentarlo dándole valor... ¡¡chuche!! ¡¡chuche!! Cállate hijo yo estoy a tu lado no te desesperes ya vendrán a buscarnos.. se fuerte chuche..se fuerte, hijaco. Gracias, maestro...gracias... Mas tarde, cuando providencialmente llegaron los miembros de la cuadrilla de salvataje, una sonrisa nublada por el llanto ilumino su cara; sin embargo, sus piernas habían comenzado a ennegrecerse por una hemorragia interna y cuando las tomaron con las manos para levantarle sus huesos crujieron como vidrios rotos, nunca mas volvió a bailar la Chunguinada como guiador, tuvieron que amputarle ambas piernas. En unos breves instantes, los socavones habían quedado irremediablemente cerrados como herméticas tumbas, dentro cruelmente atrapados entre fierros retorcidos, maderas quebradas y bloques de antracita, condenados a una larga y dolorosa agonía, se iban apagando, una a una inexorablemente, las vidas de 57 hijos del pueblo, solo unos pocos, los que murieron instantáneamente, se salvaron de sus horrores, con ellos, la muerte había sido generosa y comprensiva. A las 3.30 de la madrugada, el insistente repiqueteo del teléfono, despertaba al comandante de la guardia civil del Cerro de Pasco, Regino Cano Pérez, quien con la premura del caso que sesenta hombres se pusieran a su mando, partiendo raudos a la zona del desastre, El servicio de alarma de la mina comenzó a funcionar a las 3.20 de la madrugada, en un apremiante llamado de auxilio. A su convocatoria y con rapidez extraordinaria, convergieron en Goyllarisquizga, brigadas de salvamento del Cerro de Pasco, Casapalca, La Oroya y otros centros mineros, los que tan pronto como llegaron se dedicaron a rescatar muertos y heridos. En un conmovedor gesto de solidaridad humana, los integrantes de las cuadrillas de salvamento, llegaron a exponer su propia vida para salvar la ajena. Entre los que se esforzaban por encontrar a los mineros sepultados había quienes esperaban salvar a un hermano, un hijo o un amigo; y muchos de los que se encontraban en la mina en el momento de la explosión y habían resultado ilesos, imploraban en un gesto que no olvidaremos jamás, que les dejaran volver para participar en la búsqueda de sus compañeros. En el lapso de una hora sacaron 46 cadáveres, irreconocibles, mutilados, completamente deshechos; en la hora siguiente, rescataron 11 cuerpos mas; de los que habían quedado colgados de los postes incrustados en los fierros salientes, sepultados entre bancos de antracita, Los heridos que se debatían entre la vida y la muerte, fueron 34. ¡Este es un doloroso cuadro que jamas olvidaremos los que estuvimos alli!. Congregados en la fatídica bocamina, todos los hombres, mujeres y niños Goyllarinos, temblorosos de indignación y llanto, expresaban su dolor y su protesta a grandes voces, Los ecos de aquellos lamentos, todavía conmocionan nuestras almas. Cuando entrada la mañana llego al cruento escenario el prefecto del departamento, comandante Manuel Barcena, opto por detener al superintendente de la mina EL DORADO, Alex Russell, salvándolo de una muerte segura. Los deudos, llorosos e indignados, se habían sublevado contra el superintendente incriminándolo de asesinato: Los dirigentes del sindicato Minero, los acusaban de negligencia por no haber tomado las providencias del caso, en su oportunidad: S e carecía de ventanas de aire y cañerías de agua para sacar los gases de la mina. Todos, unánimemente, habían querido lincharlo. El día del sepelio, en un cortejo verdaderamente patético e impresionante, todos los hombres del pueblo, entre ellos, los dirigentes de la federación de estudiantes de la UNDAC, llevaron sobre sus hombros, hacia el cementerio del barrio chapur, los 57 cadáveres de aquellos inolvidables héroes de la Minería Pasqueña. El inmenso acompañamiento fúnebre, semejaba una gigante y negra cadena, deslizándose reptante, por entre los roquedales, rumbo al cementerio: Delante, iba un adusto sacerdote de capa negra, acompañado por dos monaguillos que portaban una cruz. La guardia Civil escoltaba el cortejo en tanto las campanas de la iglesia doblaban tétricos, inundando de pena los campos mineros. Las nobles mujeres en un mar de llanto incontenible con sus niños a sus espaldas y de riguroso y amplio luto, iban detrás de los negros ataúdes, que solo por las letras iniciales, se diferenciaban, unos de otros. Maldiciones y palabras de dolor y de condena; tiernas y taladrantes canciones en quechua, como punzantes saetas de dolor, brotaban de los acongojados labios femeninos. Lloraban a sus hijos; a sus maridos; a sus hermanos a sus Padres.... Llegados al cementerio, todos cerraron filas en torno a las negras cajas mortuorias y a los oradores, acongojados de dolor condenaron la cruenta explotación y sacrificio sin limites de los héroes mineros. Todos escuchaban dolidos, silenciosos, desconsolados. Cuando hablo el presidente de los estudiantes, un silencio absoluto se observo en el cementerio. El orador, tuvo que hacer acopio de todas sus fuerzas para contener el llanto que pugnaba por desbordarse de sus ojos. Cada palabra, cada gesto, cada expresión, fueron dictados por el mas sincero y profundo dolor. Al finalizar estas palabras desgarradas retumbaron en el camposanto: y les juro hermanos, dijo- que en cuanto aliente un halito de vida, haré conocer a los hombres de nuestra patria y a los niños de nuestro pueblo, la historia del perenne sacrificio de vuestras vidas y el inmenso holocausto en que habéis muerto... Dios es testigo de que esta cumpliendo su promesa, Lo que vimos después, no lo olvidaremos jamás. Las mujeres al borde de la locura, se aferraban a los féretros que guardaban a sus seres queridos, imploraban que las dejaran un momento mas con ellos: Muchas se desmayaron, los cantos fúnebres en quechua, acentuaban el dolor de los presentes. Yo he visto llorar como a niños, desesperados y tiernos, a muchos hombres rudos y fuerte; hombres legendarios que a cada rato, y en cada recoveco de la mina, se jugaban enteros la vida. Cuando fue vencida la resistencia de las esposas y madres; de una sola voz; quebrada por la emoción, comenzó a desgarrar, como nunca lo he vuelto a oír las desconsoladas y taladrantes notas del Cocha coyllor En ese marco dolorosamente lúgubre, sus compañeros fueron bajando uno a uno a sus fosas a estos inolvidables héroes del trabajo, después, en sus tumbas, no hubo toque de silencio, ni ascensos póstumos ni condecoraciones, ni fanfarrias, ni nada. Solo el amargo y desconsolado llanto de las viudas y de los huérfanos, fue el desgarrante epilogo de la tragedia.


"GLORIA Y HONOR A LOS MARTIRES DE LA MINERIA CARRIONINA"
(Narración recopilada de la obra: LA CONQUISTA DEL POZUZO del Escritor Pasqueño, Maestro de Pasco Cesar Pérez Arauco.)



 
La expresion musical mas sentida y el canto testimonial del Pasqueño, siempre es una invitacion a conocer la vivencia, la esperanza, los amores no corespondidos, la ilusion y el duro y arduo trajinar en los socavones.
Un homenaje a los valientes mineros.
ingresa a:
www.youtube.com/ELCARRIONINO
en ella encontraras las hermosas canciones populares del cancionero de antaño.
PASCO VIVE... Y CANTA.
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